miércoles, 30 de agosto de 2017

LA LIGA GINI



El Coeficiente de Gini es un indicador que se utiliza para medir la desigualdad de ingresos dentro de un mismo país.  Su valor se mide entre 0 (igualdad absoluta en los ingresos de todos los habitantes) y 1 (desigualdad absoluta: un solo habitante dispone de todos los ingresos).  La lista la encabeza Noruega (0,226), seguido de Eslovenia e Islandia.  España ocupa el puesto 51º (0,340) y desciende posiciones cada año desde la llegada del Estado ultracapitalista del Malestar (desde 2008).  En aquella fecha el 1% más rico de la población española acumulaba el 14% de las riquezas (un auténtico escándalo).  Hoy, ese mismo 1% acapara el 20% de las riquezas totales.

     El fútbol no es ajeno a esta situación: por una parte hay que destacar que esta temporada solo siete comunidades autónomas tienen representación en Primera División.  De ellas, seis (¡solo un tercio de las regiones españolas!) disponen de más de un equipo: las de más alto desarrollo económico (Cataluña, Comunidad de Madrid, País Vasco y Comunidad Valenciana) y dos de las que cuentan con ciudades altamente pobladas (Andalucía y Galicia).  A ellas, se suma Canarias, con un equipo.  Esta situación muestra una clara polarización entre los territorios más ricos y los más pobres, evidenciando que pequeños clubes de algunas de estas regiones disputen el campeonato (Éibar, Getafe, Leganés, Girona, Levante) frente a otros equipos mucho más tradicionales pero enclavados en regiones menos desarrolladas económicamente (Zaragoza, Valladolid, Spórting, Osasuna, Rácing,…).  Además, los clubes de Primera División perciben un mínimo de 40 millones de euros por ingresos televisivos, quedando una flagrante desigualdad entre equipos de la máxima categoría (por ejemplo, el presupuesto del Girona para esta temporada es de 49 millones de euros) frente a los equipos de Segunda División (el presupuesto del Real Zaragoza es de unos 7 millones de euros).

     Pero más llamativa aún es la relación proporcional existente entre los presupuestos manejados por los equipos más poderosos y todos los demás.  Los dos grandes de nuestro fútbol siempre han sido más influyentes en todas las escalas pero ahora son inmensamente ricos (la distribución de ingresos televisivos no es equitativa y los repartos por éxitos en la Liga de Campeones son muy cuantiosos).  Algunos datos demuestran esta situación:
·        El presupuesto del Real Madrid (631 millones de euros, el 24,71% del total) es superior a la suma de los 12 clubes con peor presupuesto: 597 millones.
·        El presupuesto del FC Barcelona (544 millones de euros, el 21,3% del total) es superior a la suma de los 11 clubes con peor presupuesto: 523 millones.
·        La suma de los presupuestos de Real Madrid y FC Barcelona (1175 millones de euros, el 46,01% del total) es superior a la suma de todos los demás clubes, a excepción del Atlético de Madrid: 1139 millones.

Para establecer un grado equitativo en función de los ingresos de cada equipo y los resultados obtenidos he establecido la tabla de clasificación de la Liga Gini para la pasada temporada 2016-2017, que establece una relación proporcional de los puntos obtenidos conforme a un Factor de corrección, que multiplica o divide estos puntos en función de la relación con el presupuesto de cada club.

·        Se establece como UNIDAD FACTORIAL el presupuesto de equipos que superan claramente la mediana del total de los equipos: aproximadamente entre 111 y 200 millones de euros.  En este punto se encontraron el Sevilla (135, 4º mayor presupuesto) y el Valencia (130, 5º).
·        Los equipos que rondan los 100 millones de euros (entre 90 y 110) tendrían un FACTOR 1´5.  Fueron los casos de Villarreal (103, 6º) y Athlétic Club (96, 7º).
·        Para los equipos con valores intermedios (entre 51 y 90 millones de euros) se aplica el FACTOR 2.  Se trata de Celta (78, 8º), Real Sociedad (74, 9º), Espanyol (70, 10º), Málaga (69, 11º), Betis (62, 12º), Las Palmas (55, 13º) y Osasuna (51, 14º).
·        El último tramo aplica un FACTOR 2,5 y se refiere a aquellos clubes cuyo presupuesto es básico, es decir ingresos televisivos mínimos, publicitarios locales y pequeños ingresos propios.  Fueron los casos de Spórting (50, 15º), Éibar (43, 16º), Leganés (42, 17º), Alavés (29, 18º), Granada (27, 19º) y Deportivo (25, 20º).  Los ingresos televisivos mínimos de la pasada temporada fueron inferiores, de ahí que los últimos presupuestos no alcancen siquiera los 40 millones de euros.
·        Por encima del factor 1 quedarían los tres principales presupuestos: al Atlético de Madrid, con 240 millones se le aplicaría un FACTOR 0,75 (entre 201 y 300 millones de euros).  Su presupuesto de esta temporada alcanza los 340 millones, por lo que abandonaría este factor.
·        El FC Barcelona tenía un presupuesto de 544 millones de euros (situado entre 451 y 600 millones).  No ocuparía siquiera el FACTOR 0,5 (entre 301 y 450), por lo que quedaría en el FACTOR 0,33).
·        El mayor presupuesto correspondía al Real Madrid: 631 millones de euros.  Se le aplicaría un FACTOR 0,25 (entre 601 y 750 millones).  No hay datos aún acerca del presupuesto de los dos grandes, pero en caso de superar los 750 millones retrocedería hacia el factor 0,17).

Veamos entonces la tabla clasificatoria por puntos de la Liga 2016-2017:
Puesto
Equipo
Puntos
Presupuesto
Relación
Puesto-presupuesto
1
REAL MADRID
93
631
=
2
FC BARCELONA
90
544
=
3
ATLÉTICO DE MADRID
78
240
=
4
SEVILLA FC
72
135
=
5
VILLARREAL CF
67
103
+1
6
REAL SOCIEDAD
64
74
+3
7
ATHLÉTIC CLUB
63
96
=
8
RCD ESPANYOL
56
70
+2
9
DEPORTIVO ALAVÉS
55
29
+9
10
SD ÉIBAR
54
43
+6
11
MÁLAGA CF
46
69
=
12
VALENCIA CF
46
130
-7
13
RC CELTA
45
78
-5
14
UD LAS PALMAS
39
55
-1
15
REAL BETIS BALOMPIÉ
39
62
-3
16
RC DEPORTIVO LA CORUÑA
36
25
+4
17
CD LEGANÉS
35
42
=
18
REAL SPÓRTING DE GIJÓN
31
50
-3
19
C. AT. OSASUNA
22
51
-5
20
GRANADA CF
20
27
-1

     Los factores de corrección habrían obtenido un trato de igualdad, de modo que la clasificación tras el ajuste de los puntos habría quedado así:

Puesto
Equipo
Puntos
Factor de corrección
Diferencia puestos
1
DEPORTIVO ALAVÉS
137,5
X 2,5
+8
2
SD ÉIBAR
135
X 2,5
+8
3
REAL SOCIEDAD
128
X 2
+3
4
RCD ESPANYOL
112
X 2
+4
5
VILLARREAL CF
110,5
X 1,5
=
6
ATHLÉTIC CLUB
94,5
X 1,5
+1
7
MÁLAGA CF
92
X 2
+4
8
RC CELTA
90
X 2
+5
9
RC DEPORTIVO LA CORUÑA
90
X 2,5
+7
10
CD LEGANÉS
87,5
X 2,5
+7
11
UD LAS PALMAS
78
X 2
+3
12
REAL BETIS BALOMPIÉ
78
X 2
+3
13
REAL SPÓRTING DE GIJÓN
77,5
X 2
+5
14
SEVILLA CF
72
X 1
-10
15
ATLÉTICO DE MADRID
58,5
X 0,75
-12
16
GRANADA CF
50
X 2,5
+4
17
VALENCIA CF
46
X 1
-5
18
C. AT. OSASUNA
44
X 2
+1
19
FC BARCELONA
30
X 0,33
-17
20
REAL MADRID
23,25
X 0,25
-19

     El poder social y mediático de los clubes grandes impediría que esto llegara a suceder, aún en el supuesto de que la desigualdad no fuera tan grande y que los factores de corrección se redujeran mucho más.  El Real Madrid y el FC Barcelona siempre estarían arriba puesto que deberían ajustar sus políticas de fichajes y rentabilizar sus posibilidades.

viernes, 14 de abril de 2017

Balón de oro 2016

Con algo de retraso, pero Fútbol en ideas hace entrega de sus premios conforme a su particular forma de concebir el fútbol:

BALÓN DE BRONCE: Club Atlético Nacional de Medellín.
  Gran temporada la del club colombiano: campeón de las ligas nacionales y de la Copa Libertadores de América.  A juicio de muchos entendedores del fútbol sudamericano, hacía muchos años que ningún equipo jugaba con tanta elegancia en este subcontinente en el que las selecciones representativas han dejado de ser un referente del buen fútbol.  Además, el equipo consiguió colocar nada menos que a ¡siete jugadores! en el equipo ideal del año en Sudamérica según la prensa uruguaya.

  Pero, el mayor mérito del club fue conceder el título de Campeón de la Copa Sudamericana al Chapecoense de Brasil, en compensación por el desgraciado accidente aéreo que sufrieron cuando volaban hacia Colombia para disputar la final de la competición.

BALÓN DE PLATA: Unión Ceares.
  Este modesto club de un barrio de Gijón encaja con la filosofía del fútbol por encima de la competición, la gente por encima del dinero.  El club se mantiene en Tercera División y no debe tener problemas para mantener la categoría una temporada más.
  El programa La aventura del saber, de la 2 de TVE, ofreció recientemente un reportaje sobre este club:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-aventura-del-saber/aventuraucceares/3958421/

BALÓN DE ORO: Fiebre Maldini.
  Espero con ansiedad al lunes para ver fútbol auténtico y para escuchar a los mejores comentaristas.  Son ya varias temporadas en antena, una lástima que no sea en abierto para que todo aficionado al fútbol pudiera disfrutar de esta maravilla de programa.  Julio Maldonado al frente, con el ex futbolista Gustavo López en las dos partes del programa, regalándonos análisis y simpatía.  Dos auténticos expertos en fútbol internacional en la primera parte: Felipe Martín y Guillermo G. Undiano.
  Y, para la segunda parte, fútbol español de los últimos 20 años a cargo de Juan Carlos Crespo, el mimo con que cuida sus camisetas, sus conocimientos y el tino en la elección de la música de cierre, de Iván Castelló, el amplio recorrido en fútbol internacional, pero sobre todo italiano de Filippo Ricci, y la sabiduría latinoamericana e histórica de Carlos Castellanos.
  El partido histórico es la joya con la que todo amante del fútbol necesita una reanimación cardiorrespiratoria.  Gracias fenómenos.

martes, 25 de octubre de 2016

jueves, 6 de octubre de 2016

OTROS TIEMPOS



             Hubo un tiempo en que la unificación horaria era una virtud, que los equipos del norte acostumbraban a jugar a las cuatro y los del sur a las seis, así que se decidió que todos los partidos debían comenzar el domingo a las cinco de la tarde, lo que permitía un carrusel radiofónico memorable.  En aquel tiempo los transistores eran los grandes protagonistas de las tardes de los domingos.  Las excepciones las protagonizaban los partidos adelantados al sábado por competiciones europeas y el partido ofrecido por televisión, compartiendo con la jornada sabatina de baloncesto otro extraordinario carrusel.  La televisión ofrecía el mejor partido de la jornada, el de interés general, y se jugaba a las ocho y media o a las nueve, para que los espectadores pudieran llegar a casa antes de medianoche y para que los telespectadores no se quedaran dormidos en el sofá.  Y, por supuesto, lo ofrecía la televisión pública.  En este tiempo ya existía Estudio Estadio, que era un programa de resúmenes de los partidos, con buen registro lingüístico, en el que se hablaba en pretérito perfecto compuesto y jamás se oía término callejero alguno.  Después llegaron las televisiones privadas, y a una se le ocurrió que era mejor centrarse en lo que pasaba en la grada (bocatas, mocos de niños, la abuela del Betis…) o seguir a algún jugador para alimentar la polémica de sus actos.  También esta cadena entendió que era mejor pagar, así que los ricos empezaron a ver un partido los domingos a las siete y media, y los pobres nos conformábamos con intentar descifrar, en método codificado, igual un balón el domingo por la tarde que un pezón el viernes de madrugada.
                Hubo un tiempo en que los niños soñábamos con el fútbol, y no queríamos ser entrenadores sino jugadores, periodistas, polis montados a caballo o vendedores de almohadillas.  Qué importaba, lo único necesario era el olor a césped cortado y recién regado, y a puro, y al viento de la tarde que, poco a poco te estremecía.  El bocata y la bota de vino en el descanso, las pipas, el vendedor de coca-colas con su cubo lleno de hielo colgado al hombro, paseando por la grada y gritando la mercancía.  En aquel tiempo, nadie llevaba la camiseta de su equipo (¡quién podía permitirse tal dispendio!) pero sí una bandera.  Y en el fondo ondeaban las más grandes, preciosas, generando un colorido espectacular.
                Hubo un tiempo en que nos sabíamos los nombres de los estadios por los goles cantados en la radio por narradores que reconocíamos al instante, que en prensa solo se trataban los temas importantes, que las columnas se reservaban para las mejores plumas, que los comentaristas de televisión sabían distinguir la pausa televisiva ante el espectador activo, que ya dispone del elemento visual, de la ferocidad del micro radiofónico ante el espectador impaciente por tratar de imaginar lo que no puede ver. 
En aquel tiempo, podíamos reconocer un estadio con solo echar un rápido vistazo, igual que los equipos contendientes porque los colores no admitían discusión (tampoco los segundos colores).  Aquellos estadios rebosaban de vida, no se llamaban Nuevo Estadio porque eran el original y tenían alma propia porque eran al club mucho más que un lugar de juego.  Se jugaba en Atocha, en Sarriá, en La catedral, en el Luis Sitjar, en el Insular y en tantos otros que no representaban la megalomanía de sus presidentes, sino el espíritu del Naranjito, que tanto ayudó a colocar a nuestro país, en plana Transición democrática, en el escenario mundial.
Hubo un tiempo en que los equipos eran inconfundibles porque sus plantillas eran duraderas, porque la gente de la tierra era mayoritaria y solo se admitía la presencia de dos extranjeros por plantilla.  Los equipos no fichaban más de dos o tres jugadores y se recriminaba a quien se excedía.  En aquel tiempo las camisetas se numeraban del 1 al 11 porque importaba la posición que el número indicaba y no el portador de la prenda, el Balón de Oro no tenía valor altamente reconocido porque los premios individuales se supeditaban a los logros colectivos, nadie se señalaba el nombre en la camiseta tras marcar un gol porque no existían, porque la camiseta era del club, idéntica para todos y no para cada jugador.  En aquel tiempo los jugadores celebraban los goles con alegría y con los brazos alzados en señal de “V” de victoria.  No se concebía la celebración rabiosa, la autoafirmación, las celebraciones escenográficas de mal gusto ni levantarse la camiseta.  Esto último es normal: nadie tenía que mostrar sus abdominales poderosas, que se consideraban buen logro para un atleta pero no para un futbolista, que era, por lo general, espigado, delgado y feo.  Pero llegó Julen Guerrero y las fans enloquecieron, como con sus cantantes favoritos, y llegó la prensa rosa, que se metió en el vestuario como venían haciendo en las plazas de toros, y las medias dejaron de estar caídas para mostrar una pose de deportista, alejada del ser desgarbado pero hábil y rápido.  En aquel tiempo, la técnica se imponía a la táctica, los ataques a las defensas y la velocidad a la fuerza.
Hubo un tiempo en que se respetaban las etapas vitales del hombre y el fútbol base era cosa de los clubes no del público en general.  El aficionado seguía al filial pero se respetaba a los niños y a los juveniles, y no se televisaban sus partidos para permitirles madurar.
Hubo un tiempo en que las pretemporadas eran diseño de los técnicos, que proponían una breve concentración y gran cantidad de partidos en España.  Los grandes trofeos eran el Carranza, el Teresa Herrera, el Colombino o el Ciudad de la Línea.  Allí siempre acudían los grandes, que empezaban a mostrar su nuevo perfil de cara a la temporada que se avecinaba.  También se jugaba en Alicante o en Mallorca, para que los aficionados que se encontraban en la playa pudieran acudir ya a ver a su equipo.  En aquel tiempo, los dos grandes de la capital tenían un gran torneo veraniego, que no se jugaba contra un equipo de orden muy inferior, sino contra un grande europeo.  No era un torneo para guiris, sino el primer partido “oficial” porque el aficionado ya estaba deseoso de grandes sensaciones.
Hubo un tiempo en que los grandes de Europa apenas se veían las caras pero, cuando lo hacían, había algo muy grande en juego.  Estas eliminatorias eran míticas y se recuerdan en las mentes de los aficionados por muchos años que hayan pasado.  Los partidos para sumar puntos en liguillas insípidas, con afán recaudatorio no entraban en la mente de ningún aficionado.  En aquel tiempo, el campeón de Europa era el mejor equipo de Europa, no el más resistente a lo largo de los meses.  Nadie tiraba una competición: la Copa del Rey y la Copa de la UEFA tenían un gran valor.  Eran, como hoy, las competiciones de la ilusión por jugar al fútbol.
Hubo un tiempo en que se respetaban los tiempos de descanso, que los jugadores jugaban solo un partido semanal en muchas ocasiones, que disponían de suficientes vacaciones, que la liga empezaba en septiembre para evitar los rigores del calor de nuestro agosto.  Los grupos de clasificación de selecciones incluían solo cuatro equipos y no se incluía a aquellos muy por debajo del nivel.  La Copa de Europa tenía un máximo de nueve partidos y la liga se componía de dieciocho equipos.
Hubo un tiempo en que la Copa del Mundo marcaba la pauta del fútbol del momento, competición en la que brillaban las grandes figuras, que llegaban en plenitud de forma porque la temporada permitía respiros.  Tanto a la Copa del Mundo como a la Eurocopa acudían solo los mejores y se evitaba el exotismo que conlleva la ampliación del número de selecciones, que solo suponen un mayor desgaste y unos resultados que falsean la realidad porque, como hoy, los centroamericanos, africanos y asiáticos estaban muy lejos de europeos y sudamericanos.  Pero, por entonces, se respetaba a los mejores, que jugaban siempre.  Es que podían demostrar que eran los mejores.
Hubo un tiempo en que se empezaba a hablar del problema del negocio del fútbol: que si el dinero lo estropea todo o que los jugadores ya no sienten los colores.  Hoy, unas tres décadas después, nos reímos de aquellos aficionados que pensaban que su amado fútbol había perdido su esencia.  Quien en aquella época se quedó y no vio lo que se nos ha venido encima, jamás pudo imaginar la deshumanización del deporte hasta el punto en que nos encontramos.  Así que no queda más remedio que agradecer a Youtube y a Fiebre Maldini que nos sigan ofreciendo el fútbol de los 70 y los 80, la era clásica, que fue a nuestro querido deporte lo que Grecia y Roma a la civilización occidental.
  

martes, 26 de abril de 2016

ES LA VIDA

Cierto entrenador argentino dejó claras sus intenciones cuando las cámaras de televisión le descubrieron diciendo “pisálo” a uno de sus jugadores.  Cierto es que esta práctica ya la había desarrollado algún mito en una semifinal de Copa de Europa, a quien, por cierto, una década antes, algún hijo de Baco estampó en la cabeza los restos de vidrio de su preciado licor.  También lo practicó algún jugador y novel entrenador francés, a lo que se sumó su gusto por la embestida.  También los hay que comentan la jornada en TVE pero cuyo juego se basaba en sacar los codos de paseo, al estilo de su compañero en la zaga quien, de forma voluntaria dejó inconsciente a un venezolano rival; o que no dudan en promulgar su afiliación ideológica al nazismo.  Cada cual sabrá lo que hace pero, que no quepa duda de que el alma de todos ellos arderá en el infierno, como la de Fausto, pero a diferencia de éste que la vendió al Diablo, aquellos la regalaron por tres miserables puntos o por su sentimiento de superioridad.
                Otro tanto podrá suceder con aquellos cuyo ego se sitúa por encima de la realidad y derraman sus lágrimas al recibir el Balón de Oro cuando habitualmente muestran con exceso de orgullo su trabajado abdomen, así como algún compatriota suyo que saca a relucir las listas de fallos de los demás obviando por completo que sus pecados son exponencialmente superiores en cantidad y gravedad.  Algún glorificado técnico, que jamás realizó un examen, entiende que hay que jugar “como hombres”, eso sí “partido a partido”.  Debe ser que eso de la hombría gusta mucho.  De ahí, que cierto técnico dijera que entrena a sus jugadores como si fueran militares (muy cristiano él, que rezaba antes de cada partido) o que los periodistas hagan gala de ese furor al referirse a ciertos lances u otros elementos del juego como “cañonazo”, “trinchera”, “retaguardia” o “ariete”.
                Hay, en fin, quien considera el juego como un ajedrez deshumanizado, como una feria de vanidades, como un show televisivo de periodismo amarillista, como un “ganar y ganar y ganar y volver a ganar y ganar y ganar…”, como una forma de amasar dinero, como un juego simplista en el que solo valen los lances a balón parado, como un videojuego en el que manejar a los demás al propio antojo, u otras múltiples variedades de la estupidez.
También los hay que aman el juego por encima de cualquier otra cosa  y periodistas bien informados y con buenas dotes para la comunicación.  Algunos bobos trabajamos por objetivos y minimizamos los logros, generando obsesiones para tratar de dar forma definitiva a aquellos que nos faltan por pulir y que acaban por autodestruirnos.  Pero cuán equivocados estamos todos.  El fútbol no consiste en nada de eso.  Poco importa el logro ni tampoco el modo de lograrlo, lo único verdaderamente importante es tener una pelota.
Así sucedió y seguirá sucediendo.  En todas partes del mundo.  Así seguirá haciéndolo ella que, cada vez que controle un pase, realmente estará recibiendo un envío, un mensaje.  Hermes le habrá traído una comunicación.  Qué hacemos acaso cada vez que damos un pase a un compañero.  Y después ella jugará en profundidad hacia una compañera, que al mismo tiempo será otro mensaje que Hermes estará enviando.  Se los enviará de él a ella, de ella a él, como antes, en el mismo escenario y con la misma intención.  Pero hay una diferencia: la vida terrenal comunica a través de canales con exceso de ruido; sin embargo, Hermes atraviesa el ámbito de lo terrenal y comunica los dos reinos, permitiendo que el ruido desaparezca y la comunicación sea clara y el entendimiento entre ellos se produzca en cada contacto con el balón.  Si la pelota se eleva, se estará acercando a él, si rueda estará transmitiendo el único mensaje que se habla en el otro reino, el lenguaje de los tacos que acarician suavemente el balón, del golpeo sencillo a ras de suelo que suena “toc” de forma limpia y apabullante, del control que deja el balón a merced de una acción posterior.  Es el mensaje de la vida, aquí y allí, de la pelota que en el otro lado parece más suave y menos comprometida a la acción de la gravedad.
Supongo que muchos pueden entender que realmente el juego es así, esperemos que los que han vivido una mala semana no olviden todo esto y sigan comprendiendo que el fútbol no es otra cosa.  Finalmente, el gol es la expresión suprema, es el clímax del juego, el momento de unión entre las almas, las que permanecerán unidas porque el fútbol es mágico y no permite que se separen y porque, mientras haya hombres, habrá pelotas.  Hoy tengo una entre mis manos y no puedo dejar de pensar que es el símbolo de unidad entre los seres humanos, el amor que el fútbol unió y la transmisión de esa pasión, capaz de traspasar las barreras entre ambos reinos.
Dejemos a un lado lo secundario, es decir todo salvo la pelota y quienes somos.  No esperemos a que el destino nos depare una sorpresa cruel.  Lo único que tenemos ¡es la vida!
Va por vosotros, compañeros.