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martes, 3 de febrero de 2015

domingo, 14 de septiembre de 2014

UNIFORMES DE PAYASO

    Veo las imágenes del partido FC Barcelona-Athlétic Club, jugado el 13 de septiembre en el Camp Nou, dos días después de la Diada, y me da la sensación de que han salido al campo veintidós jugadores vestidos de payasos.  Por si no fuera suficiente que algunos equipos vistan de color rosa, con lunares o que utilicen un uniforme nuevo de color diferente cada temporada, encontramos al Barcelona vistiendo la camiseta con la bandera catalana en un partido que disputa en casa.  Y el Athlétic, en solidaridad, utiliza el uniforme con los colores de la bandera vasca.  Aquello parecía un partido entre las selecciones de Cataluña y Eukal Herría, más que un partido de Liga entre dos equipos serios.

                Llama la atención que un jugador sea sancionado cuando se levanta la camiseta para mostrar un mensaje en solidaridad con un compañero o con un colectivo y que, en cambio, se permita que esta politización sí pueda ser utilizada en un campo de fútbol y mucho más visible a los ojos de todo el planeta.

                Sabida es mi admiración por ambos clubes.  Tal afinidad es consecuencia del carácter social de que ambas entidades hacen gala.  Hay quien sostiene que sus actuaciones son políticas y yo me pregunto qué no lo es y si acaso eso es tan malo.  Realmente, tanto FC Barcelona como Athlétic Club son entidades con carácter político porque enlazan un carácter deportivo, con señas de identidad muy definidas, con la ciudadanía de sus respectivos territorios, generando una fuerza que identifica población, territorio, historia y cultura con los valores del club.  También es de todos conocido que el Athlétic solo cuenta con jugadores euskaldunes o formados en canteras de cualquier territorio de lengua vasca, preferentemente la propia, así como que el FC Barcelona es el sello de la actividad deportiva en la provincia, generando posibilidades en gran multitud de deportes, en los cuales el club tiene sección.  La gente de la casa es también mayoritaria y la formación en los valores propios es la clave del éxito de los diferentes equipos del club.

                Sin embargo, la cuestión de las equipaciones trasciende el carácter social y la identidad con los valores propios, traspasando el marco de lo político para transformarlo en “politizante”.  Y eso no es ético y sí, en cambio, una muestra de cómo la desmesura del órdago independentista pretende hacerse ver y oír, tanto como su presencia pierde fuerza en la propia sociedad catalana.

               


martes, 12 de noviembre de 2013

domingo, 18 de marzo de 2012

"Futboleros" y árbitros (y algo de rugby)

  Ayer presencié dos partidos de fútbol base, uno de cadetes y otro de alevines, y pude presenciar algo que a nadie llama ya la atención pero que, no por ello, podemos ignorarlo o asumirlo como natural.  Se trata del linchamiento al árbitro.  
  En ambos partidos, aunque especialmente en el primero de ellos, los comentarios del público fueron en exceso desagradables y ofensivos hacia la figura del árbitro.  Incluso los jugadores se contagian de este tratamiento y están más pendientes de las decisiones que toma el árbitro en cada acción del juego que de su propia actuación.  
  Me parece intolerable que un jugador esté continuamente pendiente de un elemento externo al propio juego, que el público (familiares de los chicos en su mayoría) no se esfuercen por mostrar ejemplo a sus hijos, que los entrenadores no sean capaces de justificar sus derrotas con cientos de argumentos internos antes que centrarse en la actuación arbitral, que evalúen la labor de los árbitros y les pongan nota, que exista la "moviola" en televisión o "la otra liga" en diferentes medios, que cualquiera conozca el nombre o la nacionalidad de un árbitro en un partido internacional (yo nunca he sabido quién pitaba, ni me importaba en absoluto, ni he puesto el mínimo empeño en conocerlos).  Cualquiera de los comportamientos comentados únicamente contribuyen a la confusión, la agresividad, la violencia y el descrédito social del fútbol al que se acusa de cosas que no genera, sino que son desarrollados por muchos torpes que se acercan a este mundo.  Entre las lindezas que pude escuchar se encuentran las siguientes:
- "trapo rojo" (el color de su camiseta era de ese color).
- "te mueves menos que los leones de La 2".
- "es que estás ciego".
- "que no te enteras".
- "hoy ya es árbitro cualquiera".
- "¡Tonto!"
- "eres un hijo de puta".
  Y otras muchas, además de realizar continuas observaciones en lugar de contemplar el partido con tranquilidad.

  Por la tarde, en cambio, estuve en el Estadio Central de la Ciudad Universitaria viendo el partido entre España y Rumanía, correspondiente al Campeonato de Europa de rugby.  La diferencia es meridiana.  Para empezar, el público sabe que acude a ver un partido con intención de disfrutarlo, jalea a los suyos y reconoce los méritos del rival.  La música de la orquesta forma parte del espectáculo y jamás nadie se refiere a la actuación arbitral.  Tal es el grado de responsabilidad que, si a algún espectador se le ocurre mostrar una actitud antideportiva (por ejemplo, silbar antes del lanzamiento de un golpe de castigo del equipo rival), no faltan aficionados que le recriminen y le hagan callar.

  Por suerte, el rugby está repleto de enormes valores y las actitudes "futboleras" no encuentran rendijas para acceder.  No sucede lo mismo en otros deportes, como pude comprobar en un partido de balonmano juvenil hace escasamente un mes.  El balonmano, al igual que el rugby, es un deporte que ofrece tanto contacto como nobleza en quien lo practica.  El jugador recibe golpes y siempre llega a casa con alguna muestra de la dureza del enfrentamiento.  Pero se asume con naturalidad (cuántos futbolistas, en cambio, se revuelven hacia su rival ante una entrada algo dura sin que haya sucedido nada más allá).  Los "papás futboleros" del equipo visitante estuvieron durante todo el partido increpando al árbitro y le responsabilizaron del empate final.  Nada más lejos de la realidad.  

  El día que nos quedemos sin colegiados ya nos lamentaremos.