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jueves, 14 de agosto de 2014

TERCERA HEREJÍA HOLANDESA

                El fútbol holandés ha aportado al deporte mucho más de lo que podría esperarse de un país tan pequeño y de unos recursos tan reducidos.  Sin embargo, la aparición de grandes talentos, bien dirigidos desde la base gracias al modelo de sus grandes escuelas, ha generado equipos inolvidables y modelos tácticos imitables en todo el mundo.  Los conceptos de “fútbol total”, “naranja mecánica” o “cruyffismo” estarán siempre asociados al fútbol holandés.  Y se trata de formas brillantes de entender el juego, tanto que les ha llevado a conseguir una Eurocopa de Naciones y jugar tres finales de la Copa del Mundo, además de ser una de las clásicas, permanentemente vinculada a la buena elaboración y a la lucha por los puestos de honor.  También lo atestiguan las seis Copas de Europa obtenidas por tres de sus equipos (solo Italia e Inglaterra tienen tantos equipos campeones).

                Tan importante como el éxito ha sido también el modo de obtenerlo.  Ahora que el modelo fuertemente capitalista y globalizado ha perjudicado notablemente a sus clubes, la forma de entender el juego se mantiene intacta en la liga neerlandesa: sus equipos siguen jugando con tres delanteros, los extremos son indiscutibles, la cantera es un valor máximo, los ojeadores encuentran perlas en los lugares más insospechados y los jóvenes reciben oportunidades para mostrar su talento.  Ajax, Feyenoord y PSV ya no son referencias en el fútbol europeo y sufren crisis de resultados con demasiada frecuencia pero otros equipos han ocupado su mismo lugar y destacan por su fútbol vistoso y su aparición con fuerza en la Europa League.  Es el caso de Twente, AZ Alkmaar, Vitesse o Heerenveen.

                Pero algo ha cambiado.  Exactamente, desde el mismo momento en que España decidió jugar “a la holandesa”, la selección de los Países Bajos ha cambiado su identidad.  Tal vez, molestos y decepcionados por la falta de títulos y por su inferioridad frente a aquellos que apuestan por el cheque y por la especulación, desde la Federación parece que entendieron que así no podían continuar.  Pero, a la vista de los resultados, no creo que se les pueda dar la razón.  Se ha transgredido la identidad para crear nuevas maneras y los resultados, pese a todo, no han llegado.  Alguien podrá esgrimir que han logrado mejorar su presencia, que ahora son más poderosos y que generan una sensación de temor en sus rivales; también, que los resultados no tardarán en llegar si siguen por este camino.  En cambio, no creo que nada de esto pueda dejar de existir si mantienen lo que han sido siempre en lugar de buscar inspiración en aquellos que otrora les derrotaran y pugnaran con ellos por imponer su estilo (la Alemania de los 70, los equipos ingleses de los 70 y 80, los italianos de finales de los 80 y primeros 90…).

               Durante la Eurocopa de Austria-Suiza 2008, la Holanda de Marco Van Basten quedó encuadrada en el Grupo C, junto a Italia, Inglaterra y Francia.  Un grupo durísimo del que salieron vencedores en todos los partidos.  Fue entonces cuando se empezó a hablar de las maravillas del nuevo equipo holandés, al que rápidamente se le puso el cartel de favorito.  Nada más lejos de la realidad: por primera vez, vi a Holanda jugar replegado, temeroso y a la contra.  Eso sí, era un equipo joven y con posibilidades de futuro.  En cuartos de final  se encontraron con su compatriota Guus Hiddink y una Rusia que sí jugaba realmente bien al fútbol.  El partido de Arshavin fue colosal y Holanda hizo las maletas antes de lo que muchos esperaban.  En semifinales, España, jugando “a la holandesa”, hizo uno de los mejores partidos que se recuerdan para derrotar por tres a cero a los rusos.

Con Van Basten fuera de combate, la Federación optó por entregar los mandos a Van Maarwijk de cara a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010.  El equipo llegó a la final y solo fue superado por España en la prórroga.  Supongo que los “turistas futbolísticos” (como se reconoce a sí misma la articulista argentina Leila Guerriero, para referirse a aquellos que se asoman al fútbol solo cuando hay un partido muy mediático o una gran competición) pensarán en España que el fútbol holandés es sucio, feo y defensivo.  Esa fue la única sensación que mostró el equipo de los Países Bajos durante su segunda herejía, mantenida hasta 2012, cuando en la Eurocopa de Polonia-Ucrania, y manteniendo el mismo estilo, la selección cayó eliminada en la fase de grupos sin obtener un solo punto.

Los amantes del buen fútbol y de lo holandés nos frotamos las manos cuando la apuesta por Louis Van Gaal se supo que sería la manera de encarar el recientemente finalizado Campeonato del Mundo de Brasil 2014.  Van Gaal siempre apostó por el buen fútbol en todos sus equipos: Ajax, Barcelona, Bayern Múnich y selección holandesa en una primera y decepcionante presencia.  Siempre al ataque, con el balón por bandera y dominador del juego.  Que el sorteo les emparejara con España en un primer partido no hacía presagiar que fuera a cambiar el estilo.  La obsesión tacticista del técnico cabía hacer ver un posible duelo en el que cedieran parte del dominio a favor de alguna cuestión estratégica que pudiera sacarse de la chistera.  No fue así.  Fue mucho más allá: apostó por una defensa de cinco jugadores y dos centrocampistas de poca calidad, que mantuvo a lo largo de todo el campeonato.  Apenas dio opciones a su mejor centrocampista ni a sus dos extremos puros, al margen de Robben, su jugador estrella, al que situó en una posición más centrada para renunciar por completo al juego por bandas.  A esperar y a sorprender al contraataque.


Ésta ha sido la Holanda de las últimas cuatro competiciones de selecciones, la de las tres herejías consecutivas a su modo de entender el fútbol y la vida; un equipo que se ha mostrado como una roca, cerrado y poco creativo frente al estilo de sociedad neerlandés tradicional, que se ha traspasado al fútbol, y que apuesta por el individuo, la apertura y la libertad.

lunes, 11 de noviembre de 2013

SISTEMAS DE JUEGO (I): JUGADORES, REFERENCIAS Y ESPACIOS

Resulta evidente la necesidad de disponer a nuestros jugadores sobre el terreno de juego conforme a un esquema previamente establecido y conocido por todos.  A nadie es ajena esta necesidad, tanto en el mundo del fútbol como en cualquier otro deporte colectivo. 

La utilización de un determinado sistema de juego crea en el jugador la seguridad de saber ubicarse espacialmente gracias a las referencias que marcan los compañeros sobre el terreno de juego.  Todos sabemos que posteriormente las jugadas van a modificar esas posiciones y que solo algunos jugadores van a saber mantener correctamente su posición.  Si el problema es colectivo será necesaria una buena dosis de paciencia por parte del entrenador para intentar coordinar a sus jugadores. Un equipo que no se ajuste con corrección a ningún sistema de juego corre el doble riesgo de caer en la anarquía de su juego, así como de perder las referencias definidas por los jugadores limítrofes con la posición que cada uno ocupa.

Sistema de juego como sistema de referencias

            Si entendemos el sistema de juego como un valor de referencias, conviene aclarar que cada posición limita en el campo con otras, cuyo número puede ser mayor o menor.  Existen varias posibilidades al respecto:

1)      Posiciones con muchas referencias.

Suelen ser lugares centrales del terreno de juego.  Si el equipo domina bien su propio sistema, el jugador saldrá reforzado.  Pero, si no se domina correctamente o si la situación del juego está demostrando que el rival es capaz de acumular más jugadores de referencia en esas posiciones, nuestro futbolista necesitará de su talento e intuición.

2)      Posiciones con pocas referencias en zonas laterales.

En general son las posiciones más fáciles de ocupar porque a lo largo del terreno de juego el jugador limita con la banda.  Su perspectiva del campo tiene que ver únicamente con lo que sucede a uno de sus costados.  No es de extrañar que muchos entrenadores coloquen en la posición de lateral a algunos de los jugadores más débiles de su plantilla puesto que es más fácil colocarse y la participación en el juego es menor.

3)      Posiciones con pocas referencias en zonas centrales.

Se trata especialmente de los delanteros y los porteros, pero también de los defensas centrales en equipos en los que la defensa juegue adelantada.  Estos jugadores deben poseer un marco de referencia interiorizado porque es común encontrar jugadores en estas posiciones tratando de encontrar espacios justamente en la zona contraria a la natural para crearlos (en el caso de los delanteros) o encontrarse aislados e indefensos ante el rival (en el caso de los defensas).  Esta situación explica el fracaso de algunos jugadores de amplio prestigio al fichar por algún equipo importante.  Si un defensa es buen marcador, fuerte y expeditivo pero, en cambio, lento y poco intuitivo, hay bastantes posibilidades de que se produzca ese fracaso.  No es fácil encontrar los jugadores adecuados y la solución más común suele ser retrasar la línea defensiva.  Poseer a Ramos y Varane o a Pique, Puyol y Mascherano es un lujo al alcance de pocos.


Sistema de juego como dominio del espacio

            Existen otros tipos de relaciones entre el jugador y el espacio.  Son las que tienen que ver con la posición y la trayectoria.  De este modo, algunos jugadores ven siempre el campo por delante (los porteros y los defensas), mientras otros deben enfocar hacia atrás (los delanteros y, a veces mediapuntas y centrocampistas), perdiendo de vista fácilmente algunas de las referencias que puedan tener a su alrededor.  Parte de las dificultades que entraña la posición de delantero tienen que ver con esta circunstancia de tener que ver el fútbol al revés que los demás y con poco tiempo para pensar.  Raúl era el ejemplo más claro del buen desenvolvimiento del delantero en este sentido.

Si no tenemos delanteros con estas capacidades habrá que facilitarles la labor con un buen trabajo de conjunto y un sistema de juego que beneficie más sus cualidades. 

En función de las capacidades propias que posean nuestros jugadores deberemos utilizar el sistema de juego que creamos más conveniente.

1)      Ante jugadores con gran dominio del espacio.

Pueden ocupar cualquier posición que se adapte bien a sus cualidades sin necesidad de depender del sistema de juego elegido.  Siempre van a amoldarse a las necesidades e incluso necesitan menos referencias para desarrollar su juego, así como ampliarse las distancias con respecto a ellas.  Los ejemplos claros son los de Xavi, Özil, Pirlo o, en su día, de la Peña y Guti, jugadores capaces de encontrar un pase sencillo y resolutivo, enlazando con un compañero que se encuentre a bastantes metros de distancia.

2)      Ante jugadores menos perceptivos de su entorno de juego.

Habrá que arroparlos con jugadores a su alrededor o situarlos en la banda.  El primer caso estará siempre en consonancia con la necesidad de poseer buenas condiciones técnicas o cualquier otra capacidad resolutiva.


Una vez que sepamos si nuestros jugadores son capaces de asimilar los conceptos espaciales, o cuántos de ellos están en disposición de hacerlo, podemos tener una idea de qué sistema de juego puede ser el más conveniente para el equipo.


sábado, 5 de mayo de 2012

Defensa zonal a balón parado


ALBERTO MERCHÁN
Entrenador Nacional de Fútbol
Diciembre 2004   


          En los últimos tiempos ha saltado una duda más que afecta al sistema táctico – estratégico que un equipo plantea de cara a la disputa de un partido de fútbol. Se trata de la conveniencia de defender las acciones a balón parado en zona o al hombre, como venía siendo habitual hasta el momento.

            Varios son ya los equipos que utilizan el marcaje zonal a balón parado en el fútbol profesional, de forma habitual, o de forma experimental en algunos partidos.

            Bajo mi punto de vista, la mayoría de estos equipos cometen errores importantes que tienen que ver básicamente con:

·         La colocación de sus jugadores.  Un equipo que defiende en zona debe tener siempre equilibradas sus líneas.  De la misma manera que se emplea un sistema de juego que permite un equilibrio entre las líneas, debe haber también un sistema de juego para las acciones a balón parado que distribuya a los jugadores de manera correcta.
Muchos equipos profesionales distribuyen mal a sus jugadores porque:
1.      Mucho de ellos están situados lejos de la portería propia.
2.      No se defienden ambos palos.
3.      No se defiende el vértice del área de meta.
4.      No se defiende correctamente la frontal del área.

·         Los jugadores quedan inmovilizados:  la colocación no es sólo estar en un lugar, sino ocupar un espacio con el máximo aprovechamiento posible.  Por tanto, un jugador debe partir de una posición y moverse en actitud defensiva en función del balón, del rival y del compañero.
·         No se sigue la acción:  En muchos casos se da por hecho que tras un primer despeje, la acción ya ha finalizado y los jugadores ocupan espacios sin ningún tipo de orden.  Pero estoy seguro de que muchos equipos trabajan la estrategia ofensiva incluso tras un posible rechace.  Es entonces cuando hay que insistir en mantener ese sistema de juego específico defensivo para las acciones a balón parado (SIJEDABP).
·         Hay una falta de concentración tremenda, tal vez por miedo a fallar de forma individual a sabiendas del desastre que eso puede provocar respecto al sistema en general
·         Como consecuencia de todo ello, desorganización, tanto en la acción, como en la continuación tras posible rechace o despeje sin finalización de acción rival, como en la salida al contraataque tras buena acción neutralizadora.

Aún estamos pues en la etapa de iniciación de este sistema táctico.  Cuando se empezó a utilizar el sistema defensivo zonal también hubo múltiples controversias y desorganización, pero paulatinamente todos los entrenadores han ido afinando para conseguir que sus equipos defiendan en zona tomando como elementos básicos fundamentales conceptos como la cobertura, la basculación, la salida al fuera de juego, etc.

Nadie discute hoy las posibilidades que ofrece la defensa zonal en el transcurso normal de un partido.  Progresivamente sucederá lo mismo con este tipo de defensa pero en acciones a balón parado.

            Ante esta forma de intervenir defensivamente, hay firmes defensores de la defensa al hombre. Son aquellos que consideran que tal recurso es más eficaz puesto que:

·         Nuestros jugadores van a estar en permanente cercanía con el jugador al que marcan.  Por tanto, se alcanza una mayor seguridad general en el colectivo.  Estos miedos surgen por:
1.      La cercanía de la acción a nuestra portería.
2.      La velocidad con que se suceden los acontecimientos.
3.      La posibilidad de rechaces e imprevistos.
4.      La posibilidad de jugar sucio por parte de nuestro oponente sin que el árbitro lo vea o lo interprete correctamente.

·         Todos los jugadores del equipo rival van a estar siempre permanentemente marcados.
·         Se controla mejor la posibilidad de entrada desde posición más retrasada y en segunda oleada de cualquier jugador rival.
·         Alguna otra cuestión que se tratará más adelante, pero en las que estoy convencido de que una correcta utilización del sistema zonal hace que estemos más seguro defendiendo de esa manera.

Estoy de acuerdo con tales afirmaciones pero habría que ahondar en algunos otros aspectos para considerar la conveniencia del marcaje zonal.  Estas son las explicaciones principales:

1.      Permite llevar la iniciativa en la acción porque el equipo se coloca antes que el rival.  Un equipo que lleva la iniciativa tiene más posibilidades de resolver correctamente cada acción puesto que depende menos de la suerte y del error del rival.

2.      Resulta más fácil la anticipación.  Aunque muchos afirmen lo contrario, si la concentración es elevada y, puesto que llevamos la iniciativa por estar mejor colocados, la anticipación debe lograrse incluso en inferioridad física con el oponente.

3.      No se corre detrás del rival sin saber dónde nos puede llevar, como sucede en la defensa individual.
Habitualmente me produce una sonrisa irónica ver cómo muchos equipos tienen a todos sus jugadores corriendo sin saber dónde, pero todos hacia el primer palo porque allí van los rivales y el balón.  La zona trasera queda descubierta, dejando a nuestro portero sin posibilidades. Y además el rival se anticipa y golpea el balón. 

4.      Permite la realización de ayudas, coberturas y basculaciones, como en cualquier otra acción del juego.
No me cansaré de decir que el buen futbolista defensivamente hablando, el que produce admiración por eficacia y elegancia, es aquel que domina estos conceptos, además de una inteligente anticipación.

5.      Favorece la resolución de rechaces dentro del área y cerca de la portería.  Sucederá así porque estamos correctamente colocados según nuestro SIJEDABP y siempre que el grado de atención y concentración sea elevado.

6.      Defiende zonas importantes, asegurando llegar antes que el rival:

·         Frontal de área.
·         Punto de penalty.
·         Área pequeña.
·         Ambos palos.

7.      Hay una mayor facilidad para resolver saques con prolongación al primer palo.  Soy un defensor de los saques al primer palo (ver artículo correspondiente) porque el atacante se suele anticipar.  Pero ante una defensa zonal, los beneficios que se obtienen al prolongar son mucho menores porque el equipo defensor sigue ocupando los mismos espacios.

8.      Ofrece mayor seguridad ante inferioridad física respecto al rival. Una vez más, las claves son la anticipación, la concentración y la iniciativa en el juego.  Si marco al hombre sobre un jugador que es más alto y fuerte que yo, no sólo me llevará a su terreno, sino que golpeará el balón sin que yo pueda hacer nada.  En la defensa zonal, soy yo quien le espera y domina el espacio.

9.      Permite una salida ordenada al contraataque.  Se produce siempre que tengamos bien estructurado nuestro SIJEDABP porque cada jugador mantendrá dicho esquema hasta la finalización de la acción pero ampliándolo a la totalidad del terreno de juego. 

10.  Logra que todas las zonas están siempre ocupadas.  Al tener un jugador en cada zona, todos los espacios que más nos interesa defender los tenemos cubiertos.  En el juego defensivo individual es fácil desocupar zonas a las que llegará el rival.

11.  Cada jugador sabe lo que tiene que hacer y dónde debe estar.  En el marcaje individual, el defensor sólo sabe que debe perseguir a su oponente pero nunca sabe cómo ni hacia dónde.

12.  Liderazgo claro del portero porque tiene controlada su zona y a sus defensores.  Al igual que en cualquier otra acción del juego, el portero puede colocar a sus compañeros en caso de despiste porque él tiene la visión completa de la jugada.

13.  Impide la precipitación por intentar llegar a determinadas zonas (sobre todo por parte del portero).  Cada uno tiene su parcela en la que trabajar.

14.  Se adapta mejor a las estrategias elaboradas del rival.


En todo caso hay que tener en cuenta que:

·         Cualquier jugador puede salir de la zona teóricamente fijada para él en caso de tener que ayudar a un compañero.  Esta situación no es distinta de la que se encontrará cada jugador durante el transcurso normal del juego.
Defensa en zona significa continuidad en el espacio y ayuda entre compañeros.  Defensa en zona no significa una parcela para cada uno.
·         Cada jugador debe tener siempre claramente fijadas las referencias del balón, la portería y el rival oponente directo al que se va a enfrentar una vez que la acción se ha puesto en marcha.  El defensor debe ir al encuentro del balón, protegiendo su acción respecto del atacante y asegurando su posición respecto de la portería propia.  Para ello deberá insertarse dentro del triángulo que forman sus tres referencias, pero siempre en proximidad con los dos elementos móviles (balón y atacante).

Saque                                                                                          Portería
 


                                                                 Balón      
  Defensor

                                                                                         Oponente
(al inicio del movimiento)

            Por supuesto tampoco es lo mismo defender un  saque de esquina que un tiro libre.  En este segundo caso, la colocación de jugadores en la barrera nos limita a la hora de contar con jugadores suficientes para poder dominar todos los espacios.  Pero, si esa acción la realizamos utilizando un marcaje al hombre, es posible que nos quedemos sin jugadores suficientes para marcar.

            Este podría ser un ejemplo de SIJEDABP en un saque de esquina:


 


                                                            4        1      5
                                               2                                    
                                                                       8              3
                                                        6
       7                                      11
 

                                                              10



                                   9

            La idea principal es trazar diagonales que protejan en última instancia el segundo palo, de tal forma que las incorrecciones que el sistema pueda crear en la espalda del jugador precedente las corrija el de detrás.
·         La primera diagonal se integraría dentro del área pequeña por los jugadores 2-4-1-5, quedando los tres últimos en el primer palo, portería (para el nº 1: el portero) y segundo palo respectivamente.  El jugador número 2 protege el vértice del a´rea de meta.
·         La segunda diagonal estaría formada por los jugadores 7-6-8-3.  Suponen la defensa de la zona ancha del área:  línea perpendicular a portería y su proyección hacia el interior del área (nº 7), zona de cobertura al primer jugador de ambas diagonales (nº 6), punto de penalty y cobertura al anterior (nº8) y zona de entrada al segundo palo y cobertura al anterior (nº3).
·         La tercera línea diagonal estaría formada por el delantero centro (nº 9), que estaría fuera del área, esperando la salida al contraataque y en zona de balón, hacia donde se producen más despejes.  Se domina también la frontal del área (nº 10).  Esta zona puede verse muy condicionada por la posición de los rivales, tanto en el momento del saque como tras rechace.  El jugador nº 11 queda en la zona posterior haciendo cobertura a los jugadores 6,8,10 y 3, al mismo tiempo que trabaja sobre la entrada en segunda oleada por el segundo palo.

La defensa en zona en acciones a balón parado es una cuestión de orden y concentración.  Sus resultados serán óptimos siempre que exista una creencia en las posibilidades que sobre sí mismo y sus compañeros tenga cada jugador.


domingo, 26 de febrero de 2012

EL SISTEMA DE JUEGO 3-4-3 (III): Ventajas.

EL SISTEMA DE JUEGO 3-4-3
EN RELACIÓN CON LAS CATEGORÍAS INFERIORES

  ALBERTO MERCHÁN
Entrenador Nacional de Fútbol
NOVIEMBRE 2003


Las ventajas del sistema a estas edades.

            Los motivos por los cuales la elección del sistema 3-4-3 para jóvenes jugadores es la más adecuada han quedado parcialmente vistos hasta ahora.  Podría decirse que, en muchos casos, estas ventajas podrían ser también aplicables para jugadores de otras edades incluso dentro del mundo profesional, pero en ese caso la plantilla debería tener unas características muy especiales para poder adaptarse correctamente.  En caso de disponer de tal plantilla, creo que el sistema sería también el más oportuno para utilizarlo independientemente del nivel de competición del equipo.

            La explicación de tal elección viene resumida en los siguientes puntos:

1    Favorece la calidad técnica.  Es decir, permite desenvolverse mejor al técnicamente bien dotado, pero también permite mejorar su técnica individual al jugador con menos aptitudes.

2    Ofrece muchas posibilidades de apoyo, tanto en ataque como en defensa, en cualquier zona del campo.  La consecuencia es el control del juego ofensivo mediante la posesión del balón, y el equilibrio defensivo gracias a la facilidad para realizar coberturas, permutas y desdoblamientos.

3    Favorece el juego de calidad, al toque, por el suelo.  Es una consecuencia de los dos puntos anteriores.

4    Permite una gran amplitud del campo, con llegada por las dos bandas gracias a la aportación de los extremos y a la facilidad que éstos tienen para recibir el balón.

5    Se controla el juego gracias a que se cuenta con cinco pivotes (si incluimos al portero), uno para cada zona longitudinal del campo.

6    También se domina toda la zona central del terreno de juego, por contar con una superioridad numérica gracias al control del juego por parte de los interiores y del medio centro, permitiendo la posibilidad de alguna otra ayuda mediante apoyos de jugadores más adelantados.

7    Supone el equilibrio de todo el equipo porque dispone de un jugador para cada zona del campo.

8    Ahorra esfuerzos innecesarios.  La posición respaldada de los jugadores hace que cada jugador pueda realizar esfuerzos importantes sólo dentro de su ámbito principal de actuación.

9    Facilita los desmarques de apoyo.  Esta situación viene dada porque normalmente siempre hay muchos jugadores por delante del balón, de modo que el poseedor encuentra fácilmente un pase y el receptor acude al encuentro con el balón.

10   Los cambios de orientación son más sencillos porque  se puede enviar el balón de una banda a otra en varios toques y a gran velocidad.  Si en el centro del campo hubiera un solo jugador o dos centrocampistas a la misma altura lo normal sería desplazar el balón en sólo dos toques, lo cual para un joven jugador supone una altísima dificultad.
Hay que tener en cuenta la gran importancia que tiene el cambio de orientación en el control del juego y en la capacidad de sorpresa para el rival.

11   Se impone el ritmo de juego porque el equipo propio tiene mucha más posesión de balón y además suele esperar al rival bien colocado.

12   Crea una gran facilidad para cambiar de posición sobre el terreno de juego.  Ésta es una gran ventaja para tratar de sorprender en ataque o de contrarrestar en defensa el juego del equipo rival.  El cambio de posición es sencillo porque no es necesario recorrer mucho espacio para ocupar la posición del compañero y para que éste desdoble a su posición.

13   Facilita la asimilación del juego defensivo porque cada uno de los jugadores tiene una función concreta.  Además la línea defensiva necesita ayuda mutua entre cada uno de sus componentes, mientras los centrocampistas realizan también una labor defensiva generosa.

14   Fomenta las habilidades técnicas defensivas.  No es sólo una cuestión táctico – conceptual, sino también una necesidad de mejora de la técnica defensiva individual para evitar ser superado en la línea defensiva.  Se fomenta la posición de base defensiva, la temporización ante la conducción del rival, la anticipación y la entrada.

15   Se crea una escasa distancia entre las líneas y entre los jugadores.

16   Elimina el juego con laterales de largo recorrido (aquellos que parten de la línea defensiva pero terminan por delante de sus interiores, llegando a la línea de fondo rival).  A estas edades es una ventaja porque ningún jugador está capacitado para realizar esa labor.
Algunos entrenadores optan por no conceder libertad ofensiva a sus laterales y responsabilizarles en el aspecto defensivo.  Ante el equilibrio que aporta el sistema, esta situación tampoco tendría mucho sentido porque estaríamos perdiendo un jugador en posición más adelantada.

17   Facilita la construcción de figuras geométricas (rombos y triángulos) en cualquier zona del campo.  La geometría es fundamental en el fútbol porque ayuda en la comprensión e interpretación de situaciones.  Se trata de crear espacios pequeños a partir del espacio grande que es el campo entero.  Los niños asimilan con mucha facilidad esta idea.

18   Las bandas están permanentemente ocupadas y los jugadores que las ocupan tienen facilidad para jugar entre ellos.  Cuando sólo hay dos jugadores en la misma banda la distancia suele ser demasiado grande y el pase no suele llegar a su destino salvo si se produce en profundidad o mediante un pelotazo largo, pero normalmente cuesta mucho hacerlo de forma jugada.

19   Hay una fácil conexión entre los jugadores por disponerse sobre el terreno de juego de forma diagonal.  Los sistemas lineales (como por ejemplo el 4-4-2) disponen a sus jugadores en sólo tres líneas por lo que es preciso que los jugadores tengan mucha movilidad para desmarcarse continuamente y recibir balón.  En el 3-4-3 sólo es preciso acudir en busca del balón para anticiparse al rival pero el compañero pasador es capaz de observar el pase con mucha más antelación que en esos otros sistemas.

20   Permite un gran entendimiento del juego, fomentando valores deportivos e intelectuales tan importantes como la creatividad, la comprensión de las situaciones concretas del juego o la personalidad del jugador.  El punto de partida es su propia libertad  para comprender la solución más oportuna a la acción planteada.

21   Ayuda a ser solidario.  Este aspecto es importante para el fútbol a cualquier nivel, para cualquier deporte o para cualquier otro ámbito de la vida personal del chico.  La existencia de esa solidaridad se demuestra por la necesidad de ayudar al compañero de forma continua.  Si a esto le añadimos un toque personal de deportividad, el jugador alcanzará un amplio desarrollo como persona cargado de valores y actitudes positivas.

22   Favorece el aprendizaje polivalente.  Cuando se juega con este sistema significa que los jugadores han alcanzado o van a alcanzar un elevado índice de multifuncionalidad porque están aprendiendo a jugar al fútbol y no a jugar en determinada demarcación. 
La mayoría de los jugadores que han pasado por mis manos han sido capaces de adaptarse a jugar en muchas posiciones diferentes y a un nivel de juego muy similar, por lo que a edades posteriores se les podrá sacar el rendimiento deseado en la posición que sea necesaria.



EL SISTEMA DE JUEGO 3-4-3 (II): Utilización del sistema

[Próximamente trataré de subsanar los errores vinculados con los gráficos]

EL SISTEMA DE JUEGO 3-4-3
EN RELACIÓN CON LAS CATEGORÍAS INFERIORES

 ALBERTO MERCHÁN
Entrenador Nacional de Fútbol
NOVIEMBRE 2003
           
La utilización del sistema.

            La principal característica de este sistema es la gran facilidad que tiene para descomponerse en diversas líneas propias dentro de una misma línea del juego.  El reparto es grande porque a cada jugador le corresponde una zona del terreno de juego, lo cual no ocurre con ningún otro sistema de juego:

 












            El campo de juego se divide en tres zonas horizontales: la banda izquierda (ocupada en este caso por tres jugadores), la banda derecha (exactamente igual) y la franja central (dominada por el portero y los cuatro pivotes del juego).  Longitudinalmente, el campo se divide en otras tres zonas: iniciación, creación y finalización.  Los defensas ocupan la zona de iniciación, ayudados por el medio centro; los interiores y el propio medio centro ocupan la zona de creación, ayudados por el mediapunta; y los extremos y el delantero centro ocupan la zona de finalización, ayudados asimismo por el mediapunta.  La amplia tarea que realizan medio centro y mediapunta es una consecuencia lógica ante el hecho de que la franja central, por ser más transitada, debe dividirse en dos en la zona central del terreno de juego.  Por tanto, podemos dividir el campo en once zonas, exactamente las mismas que ocupa cada jugador en el sistema de juego 3-4-3.

            Por supuesto, la formación teórica no significa que en la práctica todas esas zonas vayan a estar ocupadas.  Incluso sería un error porque no habría situación mayor para demostrar muchas de las carencias antes expuestas, principalmente en cuanto a la proximidad de los jugadores.  Por tanto, la ubicación de los jugadores dependerá de si el equipo está en situación ofensiva o defensiva, en un contraataque o volcado sobre una banda.  En todo caso, y sea cual sea la situación concreta del juego, todos los jugadores van a formar un bloque, desplazándose hacia la zona de balón y manteniendo una vez más esa corta distancia entre compañeros.

            Así pues, podríamos encontrar situaciones de ataque como la siguiente, en la cual el mediapunta tiene la posesión del balón y está tratando de elaborar una acción de finalización, pero el resto del equipo acompaña perfectamente en función del desarrollo de la jugada:











            El jugador es perfectamente capaz de interpretar esta situación en cuanto ha sido corregido alguna vez.  Lo importante es que el poseedor del balón deba gozar de libertad para interpretar la acción, pero sus compañeros deben saber cuál es su misión según se desarrolla la jugada.  La experiencia me dice que esto no resulta nada costoso cuando se poseen jugadores con una buena dotación técnica o intelectual.

            Cuando el equipo defiende, la situación es similar.  La organización se produce en función de las referencias que marcan el rival, el balón y nuestra propia portería.  Los conceptos de basculación y de anticipación sobre la línea de pase son fundamentales.  Un equipo con poca valentía, espíritu de sacrificio y ayuda al compañero tendrá dificultades pero cuando se ha logrado alcanzar un buen nivel de organización (y tampoco es tan difícil) se convierte en un bloque difícil de superar.  Los marcajes vendrán definidos por la situación del juego, de modo que una vez más queda potenciada la capacidad de decisión individual y la adaptación a situaciones cambiantes.  Un ejemplo podría ser el siguiente:















            Ésta es una situación muy común durante un partido: ¿Tiene alguna salida el jugador poseedor del balón?  Evidentemente sólo tiene una opción: la acción individual.  Pero, cuando salga del regate se encontrará con el defensa central.  El equipo acompaña perfectamente porque los tres defensas forman un bloque en el que cada uno es el libre del jugador que le precede.  Los tres jugadores de la zona central forman otro bloque difícil de superar.  Esta situación sólo se puede alterar cuando el equipo rival tiene buena llegada con ambos medios de banda y los dos delanteros al mismo tiempo.  Este posicionamiento del rival obligaría a nuestro interior (nº6) a descender prácticamente hasta la posición de lateral.  El mediapunta se movería en función de los rivales, el extremo del lado contrario (nº11) nunca bajaría más allá de la altura de los banquillos, el extremo del lado de balón podría tener que bajar bastante si el lateral rival se incorporase por completo y el delantero centro queda como referencia ofensiva.

            El pressing debe realizarse principalmente en zona de medio campo por ser donde más jugadores acumulamos o en su salida de balón por los laterales.  Ocasionalmente se puede realizar también con delantero y mediapunta sobre sus dos defensas pero esta situación podría obligar a adelantar demasiado la posición de todos los jugadores siendo vulnerables ante la posibilidad de contraataque.

En general, una buena predisposición defensiva ante el inicio del juego del rival sería una posición adelantada general de todo el equipo:
















            A esta situación general habría que añadir, aparte de todo lo que quedará reseñado más tarde como beneficios y ventajas del sistema, otro aspecto de gran importancia.  Se trata de la necesidad de encontrar apoyos tanto ofensivos como defensivos.  Junto al poseedor del balón debe haber siempre un mínimo de tres compañeros apoyando la acción.  En jugadas defensivas sucede lo mismo: tres jugadores deben ofrecer cobertura o vigilancia en torno al jugador que realice el marcaje directo sobre el poseedor del balón.

            Se trata de llenar el campo de triángulos y rombos en proximidad con el objetivo de encontrar la superioridad numérica en la zona de balón.  El sistema 3-4-3 es el más apropiado para conseguirlo:












            Como se puede apreciar, el sistema permite la formación tres rombos en la franja central del campo e incluso hasta cuatro triángulos entre jugadores que ocupan posiciones contiguas (y todo esto sin tener en cuenta las posibilidades que ofrece el portero).  Es decir, la cantidad de posibilidades que se le presentan al jugador cuando tiene la posesión del balón son enormes y, en ningún caso, se lo estará entregando a un compañero que no ocupe una posición contigua a la suya.

            Por supuesto, cuando se produzca movilidad mediante desmarques, generalmente de apoyo, las posibilidades se multiplican, más concretamente cuando esos desmarques vengan realizados por el medio centro o el mediapunta, auténticos ejes del equipo.

            Pero, además de estos dos jugadores hay otros que desempeñan un papel clave puesto que permiten equilibrar al equipo.  Es el caso de los interiores, jugadores que deben realizar principalmente una labor de control y dominio del juego, mantenimiento de la posesión del balón, cambios de orientación y pases en profundidad.  Pero también realizan una amplia labor defensiva.  Son los jugadores que permiten mantener una superioridad numérica en la parte central del terreno de juego.  Además tienen fácil conexión con muchos otros jugadores y pueden realizar amplias labores de desdoblamiento (ocupando la posición del medio centro o de un lateral) o bien permutar su posición con un jugador más adelantado (el mediapunta o el extremo de su banda).  Puede llegar al área rival con opción de sorpresa o cerrar defensivamente por detrás del lateral.  Sus atribuciones pueden ser muy amplias pero dependerán de la situación del juego.

            Además el resto de los jugadores tienen también funciones muy definidas tanto en ataque como en defensa, motivo por el cual cada uno sabe siempre perfectamente lo que debe hacer.

            En el caso de los porteros, tendrán que estar muy adelantados para cortar todos los envíos que sobrepasen a la línea defensiva.  Dicha situación es bastante frecuente, por lo que actúan como correctores de los errores que supone tener la línea defensiva adelantada para acercarla a los centrocampistas.  Su labor ofensiva también es amplia porque siempre deben estar dispuestos a ofrecer un apoyo, controlar el balón y pasarlo correctamente.  No es difícil convencer al portero para realizar esta labor que queda perfeccionada si al pasar el balón se produce un cambio de orientación del juego.