domingo, 14 de septiembre de 2014

UNIFORMES DE PAYASO

    Veo las imágenes del partido FC Barcelona-Athlétic Club, jugado el 13 de septiembre en el Camp Nou, dos días después de la Diada, y me da la sensación de que han salido al campo veintidós jugadores vestidos de payasos.  Por si no fuera suficiente que algunos equipos vistan de color rosa, con lunares o que utilicen un uniforme nuevo de color diferente cada temporada, encontramos al Barcelona vistiendo la camiseta con la bandera catalana en un partido que disputa en casa.  Y el Athlétic, en solidaridad, utiliza el uniforme con los colores de la bandera vasca.  Aquello parecía un partido entre las selecciones de Cataluña y Eukal Herría, más que un partido de Liga entre dos equipos serios.

                Llama la atención que un jugador sea sancionado cuando se levanta la camiseta para mostrar un mensaje en solidaridad con un compañero o con un colectivo y que, en cambio, se permita que esta politización sí pueda ser utilizada en un campo de fútbol y mucho más visible a los ojos de todo el planeta.

                Sabida es mi admiración por ambos clubes.  Tal afinidad es consecuencia del carácter social de que ambas entidades hacen gala.  Hay quien sostiene que sus actuaciones son políticas y yo me pregunto qué no lo es y si acaso eso es tan malo.  Realmente, tanto FC Barcelona como Athlétic Club son entidades con carácter político porque enlazan un carácter deportivo, con señas de identidad muy definidas, con la ciudadanía de sus respectivos territorios, generando una fuerza que identifica población, territorio, historia y cultura con los valores del club.  También es de todos conocido que el Athlétic solo cuenta con jugadores euskaldunes o formados en canteras de cualquier territorio de lengua vasca, preferentemente la propia, así como que el FC Barcelona es el sello de la actividad deportiva en la provincia, generando posibilidades en gran multitud de deportes, en los cuales el club tiene sección.  La gente de la casa es también mayoritaria y la formación en los valores propios es la clave del éxito de los diferentes equipos del club.

                Sin embargo, la cuestión de las equipaciones trasciende el carácter social y la identidad con los valores propios, traspasando el marco de lo político para transformarlo en “politizante”.  Y eso no es ético y sí, en cambio, una muestra de cómo la desmesura del órdago independentista pretende hacerse ver y oír, tanto como su presencia pierde fuerza en la propia sociedad catalana.

               


jueves, 14 de agosto de 2014

TERCERA HEREJÍA HOLANDESA

                El fútbol holandés ha aportado al deporte mucho más de lo que podría esperarse de un país tan pequeño y de unos recursos tan reducidos.  Sin embargo, la aparición de grandes talentos, bien dirigidos desde la base gracias al modelo de sus grandes escuelas, ha generado equipos inolvidables y modelos tácticos imitables en todo el mundo.  Los conceptos de “fútbol total”, “naranja mecánica” o “cruyffismo” estarán siempre asociados al fútbol holandés.  Y se trata de formas brillantes de entender el juego, tanto que les ha llevado a conseguir una Eurocopa de Naciones y jugar tres finales de la Copa del Mundo, además de ser una de las clásicas, permanentemente vinculada a la buena elaboración y a la lucha por los puestos de honor.  También lo atestiguan las seis Copas de Europa obtenidas por tres de sus equipos (solo Italia e Inglaterra tienen tantos equipos campeones).

                Tan importante como el éxito ha sido también el modo de obtenerlo.  Ahora que el modelo fuertemente capitalista y globalizado ha perjudicado notablemente a sus clubes, la forma de entender el juego se mantiene intacta en la liga neerlandesa: sus equipos siguen jugando con tres delanteros, los extremos son indiscutibles, la cantera es un valor máximo, los ojeadores encuentran perlas en los lugares más insospechados y los jóvenes reciben oportunidades para mostrar su talento.  Ajax, Feyenoord y PSV ya no son referencias en el fútbol europeo y sufren crisis de resultados con demasiada frecuencia pero otros equipos han ocupado su mismo lugar y destacan por su fútbol vistoso y su aparición con fuerza en la Europa League.  Es el caso de Twente, AZ Alkmaar, Vitesse o Heerenveen.

                Pero algo ha cambiado.  Exactamente, desde el mismo momento en que España decidió jugar “a la holandesa”, la selección de los Países Bajos ha cambiado su identidad.  Tal vez, molestos y decepcionados por la falta de títulos y por su inferioridad frente a aquellos que apuestan por el cheque y por la especulación, desde la Federación parece que entendieron que así no podían continuar.  Pero, a la vista de los resultados, no creo que se les pueda dar la razón.  Se ha transgredido la identidad para crear nuevas maneras y los resultados, pese a todo, no han llegado.  Alguien podrá esgrimir que han logrado mejorar su presencia, que ahora son más poderosos y que generan una sensación de temor en sus rivales; también, que los resultados no tardarán en llegar si siguen por este camino.  En cambio, no creo que nada de esto pueda dejar de existir si mantienen lo que han sido siempre en lugar de buscar inspiración en aquellos que otrora les derrotaran y pugnaran con ellos por imponer su estilo (la Alemania de los 70, los equipos ingleses de los 70 y 80, los italianos de finales de los 80 y primeros 90…).

               Durante la Eurocopa de Austria-Suiza 2008, la Holanda de Marco Van Basten quedó encuadrada en el Grupo C, junto a Italia, Inglaterra y Francia.  Un grupo durísimo del que salieron vencedores en todos los partidos.  Fue entonces cuando se empezó a hablar de las maravillas del nuevo equipo holandés, al que rápidamente se le puso el cartel de favorito.  Nada más lejos de la realidad: por primera vez, vi a Holanda jugar replegado, temeroso y a la contra.  Eso sí, era un equipo joven y con posibilidades de futuro.  En cuartos de final  se encontraron con su compatriota Guus Hiddink y una Rusia que sí jugaba realmente bien al fútbol.  El partido de Arshavin fue colosal y Holanda hizo las maletas antes de lo que muchos esperaban.  En semifinales, España, jugando “a la holandesa”, hizo uno de los mejores partidos que se recuerdan para derrotar por tres a cero a los rusos.

Con Van Basten fuera de combate, la Federación optó por entregar los mandos a Van Maarwijk de cara a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010.  El equipo llegó a la final y solo fue superado por España en la prórroga.  Supongo que los “turistas futbolísticos” (como se reconoce a sí misma la articulista argentina Leila Guerriero, para referirse a aquellos que se asoman al fútbol solo cuando hay un partido muy mediático o una gran competición) pensarán en España que el fútbol holandés es sucio, feo y defensivo.  Esa fue la única sensación que mostró el equipo de los Países Bajos durante su segunda herejía, mantenida hasta 2012, cuando en la Eurocopa de Polonia-Ucrania, y manteniendo el mismo estilo, la selección cayó eliminada en la fase de grupos sin obtener un solo punto.

Los amantes del buen fútbol y de lo holandés nos frotamos las manos cuando la apuesta por Louis Van Gaal se supo que sería la manera de encarar el recientemente finalizado Campeonato del Mundo de Brasil 2014.  Van Gaal siempre apostó por el buen fútbol en todos sus equipos: Ajax, Barcelona, Bayern Múnich y selección holandesa en una primera y decepcionante presencia.  Siempre al ataque, con el balón por bandera y dominador del juego.  Que el sorteo les emparejara con España en un primer partido no hacía presagiar que fuera a cambiar el estilo.  La obsesión tacticista del técnico cabía hacer ver un posible duelo en el que cedieran parte del dominio a favor de alguna cuestión estratégica que pudiera sacarse de la chistera.  No fue así.  Fue mucho más allá: apostó por una defensa de cinco jugadores y dos centrocampistas de poca calidad, que mantuvo a lo largo de todo el campeonato.  Apenas dio opciones a su mejor centrocampista ni a sus dos extremos puros, al margen de Robben, su jugador estrella, al que situó en una posición más centrada para renunciar por completo al juego por bandas.  A esperar y a sorprender al contraataque.


Ésta ha sido la Holanda de las últimas cuatro competiciones de selecciones, la de las tres herejías consecutivas a su modo de entender el fútbol y la vida; un equipo que se ha mostrado como una roca, cerrado y poco creativo frente al estilo de sociedad neerlandés tradicional, que se ha traspasado al fútbol, y que apuesta por el individuo, la apertura y la libertad.

viernes, 20 de junio de 2014

CONCILIACIÓN ENTRE DEPORTE Y CONOCIMIENTO

  Algunas situaciones recientes llevan a repensar la función del deporte en el seno de la sociedad y a interrogarnos qué es realmente el fútbol.  Algunos, como el jugador del Atlético de Madrid Koke Resurrección, parecen tenerlo claro: “El fútbol es ganar”[1].  Para quien crea que el tema no es tan simple, debería empezar a dejar constancia de esa otra realidad, de ese otro punto de vista, en aras de un buen desarrollo del deporte como elemento de formación personal y permanente de la persona.

                No cabe duda de que los niños y adolescentes son los más vulnerables ante cualquier desarrollo de los acontecimientos poco conciliador y que ellos poco pueden hacer.  Pero llama bastante la atención que ni clubes, ni entrenadores ni padres pongan el dedo en la llaga y, en algunos casos, se planten.  Recientemente se ha disputado el Campeonato de Fútbol-7 para alevines de los clubes de Primera División.  Este torneo, que tradicionalmente se disputaba en Brunete y que después se celebró en Estepona y en Tenerife, se ha jugado esta temporada ¡en Perú!  Estamos hablando de niños de once o doce años que deben faltar al colegio durante tres días de la primera semana del mes de junio, es decir en un momento crucial en el calendario escolar.  El torneo se celebró entre domingo, lunes y martes, sin que quepa explicación tampoco a este calendario del torneo.  Pero además, Real Madrid, F.C. Barcelona, Atlético de Madrid y el mejor clasificado del Campeonato se quedaron durante el resto de la semana para enfrentarse a otros cuatro equipos peruanos.  Ante tal disparate, solo me cabe hablar bien de Athlétic Club y Real Sociedad, clubes que decidieron no enviar a sus equipos.  Por si fuera poco, la cobertura informativa ha sido bastante amplia, lo que parece un regodeo en el dañino espectáculo.

                Los pobres muchachos son víctimas propiciatorias también en otros casos.  Conozco bien la situación del balonmano, cuyos Campeonatos de España de juveniles, cadetes e infantiles se celebran a lo largo de una semana completa en los meses de mayo y junio.  Es también el caso del voleibol, cuyo Campeonato de España cadete se está disputando en Castellón del 18 al 22 de junio.  Los clubes se disculpan y piden comprensión a los profesores para compaginar la disputa del Campeonato con los exámenes finales.  Lo que ellos desconocen es que las evaluaciones no se pueden retrasar y cada alumno tendrá que examinarse cuando debe, de no ser así suspenderá, sin ser él directamente el responsable.  Recibí una carta del Club Voleibol Coslada para informarme de tal circunstancia con uno de mis alumnos.  En ella, parece que expresan su preocupación y la comprensión del profesorado hasta que se lee el final de la carta, cuyos términos son los siguientes:
Nada más que esperar pueda estudiar esta petición para que tanto nuestro Club pueda contar con dicho jugador y que colabore en la consecución de dicho Campeonato (objetivo prioritario de nuestro Club), sin perjudicar su formación”.
                Aparte de que la frase no queda cerrada y gramática al margen, ¿por qué no se ahorraron lo que escribieron entre paréntesis?  Esa aclaración deja sin contenido cualquier otro argumento.  Si su “objetivo prioritario” es el éxito en la competición deportiva poco queda por decir con respecto al verdadero interés que tienen en la formación del chico.

                Aún cuando estos son los casos más lamentables, por el perjuicio a unas víctimas inocentes, no deja de ser duro comprobar que los profesionales no tienen ningún interés en sus propios conocimientos.  Ellos ya no son víctimas (tal vez lo fueron en su momento) y están en condiciones de mejorar su estatus intelectual.  Un buen ejemplo son las distendidas entrevistas que está publicando estos días el diario El País (algo que ya hicieron hace ocho años, con motivo de la Copa del Mundo de Alemania, en las que incluso el “Sabio de Hortaleza” demostraba ser algo menos sabio).  Sinceramente estoy convencido de que nuestros jugadores están muy por encima de la media mundial (solo así cabe entender la posibilidad de desarrollar un juego tan conceptual como el del Barcelona y la selección española y varios jugadores responden muy bien).  Conocido es el caso de los ingleses, sus borracheras y sus destrozos en los aviones, o el acoso que recibía el jugador del Chelsea Graeme Le Saux por parte de todos sus compañeros a finales de los noventa.  El motivo: que leía libros.
                Los casos concretos más significativos entre los jugadores españoles son los de Santi Cazorla[2] y, el ya mencionado, Koke Resurrección[3].  Éstas son las respuestas a algunas preguntas: ¿Quién marcó el primer gol en un Mundial?
Cazorla: Ni idea.
Koke: Ni idea.
Pregunta: ¿Quién pintó Los girasoles?
Cazorla: No sé de pintura.
Koke: Tampoco lo sé (anteriormente había ignorado el autor del gol del Maracanazo).
Pregunta: ¿A qué juega Jennifer Pareja?
Cazorla: Pareja juega en el Sevilla pero Jennifer no lo sé.
Koke: Ni idea.
Pregunta: ¿Qué libro está leyendo?
Cazorla: No leo libros, me falta tiempo.
Koke: Ahora ninguno.
Pregunta: ¿Cuántas lavadoras pone a la semana?
Cazorla: Para eso tengo a alguien que me ayuda.
Koke: Ninguna.
Preguntas: ¿Y el seleccionador de Chile?  ¿Quién es Lula?  ¿Qué hizo Jorge Sanz en 1986?
Respuestas de Koke: Me pillas; Esa era un político, ¿no?; No sé, no había ni nacido.

                Podemos concluir que no solo son ignorantes sino que ni siquiera saben de historia básica del fútbol ni de deporte español.  También que Cazorla debe estar muy atareado después de dos horas de entrenamiento para no poder leer ni dedicarse a las tareas domésticas.  O que no debemos preocuparnos por desconocer quién fue Felipe II puesto que ninguno de nosotros habíamos nacido.

                Los casos se pueden contar por cientos: niños, adolescentes, aficionados, futbolistas profesionales, pero también entrenadores.  Es el caso de Diego Pablo Simeone (entrenador del Atlético de Madrid y vigente campeón de Liga).  Sé de muy buena tinta que cuando inició el Curso de Entrenadores de Fútbol Base Nivel-1 se presentó ante los demás mostrando su extraño lugar porque él mismo reconocía que hacía más de veinte años que no cogía un boli.  El destino quiso que antes de enfrentarse a un primer examen (no habría sido tampoco un gran problema, al final todos los ex futbolistas salen con el título) fue contratado por Rácing de Avellaneda (en Argentina no hacía falta ningún título para entrenar).  Además, en España todo entrenador que haya actuado en la Primera División de algún otro país obtiene inmediatamente el título de Entrenador Nacional, y como “el Cholo” superó este tiempo entrenando en Argentina, no tuvo problemas para obtener el título y entrenar al Atlético. 

Así es que un profesional que se encarga de manejar grupos, cuyos conocimientos deben ser muy elevados y que gana una cantidad desorbitada de dinero, ha accedido a dicho puesto de trabajo sin haber tenido que demostrarle nunca nada a nadie.  Después no podremos sorprendernos cuando dicen que quien fracasa en los estudios se dedica a jugar al fútbol…





[1]  El País, 9 de junio de 2014.
[2]  El País, 13 de junio de 2014.
[3]  El País, 12 de junio de 2014.

jueves, 22 de mayo de 2014

A FAVOR DE MARCADOR

En cierta ocasión me enfrenté al equipo Cadete “C” de un importante club de la Comunidad de Madrid, un equipo poderoso físicamente que acabó ganando todos los partidos de aquella liga.  Era la tercera jornada y, tras el partido, su entrenador me comentó que mi equipo le había dado muy buena impresión y que estaríamos entre los mejores puesto que él ya había visto jugar a todos los equipos del grupo.

                En el obsesivo carácter resultadista, ese equipo no era en absoluto talentoso pero sí muy fuerte y con muchos centímetros.  El ascenso les permitió colocar a sus tres primeros equipos en la posición más alta posible a costa de que los jugadores de primer año, mucho mejor dotados futbolísticamente, jugaban en el equipo “D” y una categoría por debajo.  Su mejora se vería reducida pero al buen resultadista eso poco le importa.  No es de extrañar que dicho club no promocione jugadores de la cantera al primer equipo.
                El poder competitivo de este tipo de equipos se basa en la repetición, en la mecanización, en la rutina, en la imposición por la fuerza.  Todas las acciones están preparadas y la improvisación tiene poco espacio de actuación.  Así se explica el éxito del Atlético de Madrid, donde algunos de los jugadores más técnicos son suplentes habituales (casos de Diego y Adrián) o alternan titularidad y suplencia (caso de Villa).  Así se explica también la temporada del Real Madrid, un equipo simple, con mecanismos tácticos básicos y una herencia de temporadas anteriores que permite correr al contraataque en tiempo récord y ganar partidos sin muchos más argumentos.
                Previsibles son también, en muchos casos, las semanas de entrenamiento: los lunes, charla y trabajo táctico para corregir errores; los martes, paliza física; los miércoles, análisis del próximo rival para empezar a preparar (o a obsesionarse con) el siguiente partido; los jueves, el típico partidillo (igual que hace ciento cincuenta años), en el que ya se perfila el equipo titular y una serie de jugadores que hacen de “sparring” y que reproduce los movimientos tácticos del rival; y los viernes, acciones preparadas a balón parado.  Estos vulgares modelos de planificación del entrenamiento son los que siguen vigentes, no solo en la realidad de cada equipo, sino también en el método de enseñanza de la Escuela de Entrenadores de la Real Federación Española de Fútbol.  Incluso, los exámenes de táctica consisten simplemente en hacer esto.  Es reducir el fútbol al modelo Autoescuela: no venga usted a aprender a conducir, sino a aprender qué hacer para aprobar los exámenes.  Y si luego tiene accidentes, échele la culpa a la Dirección General de Tráfico.  Es el modelo coreano ante las pruebas PISA: once horas de clase para que los alumnos no se eduquen sino que aprendan a reproducir lo que se les pide en el examen para que el país quede entre los primeros en el ránking mundial.
 Y, ante todo esto, me pregunto: ¿no se aburren los jugadores? ¿No se sienten algunos completamente marginados? ¿Serán capaces de cumplir bien su función aquellos que no han sido elegidos pero tengan que actuar ante cualquier imprevisto?
La realidad es que un equipo necesita aportes, recursos.  Da la sensación de que el jugador se encuentra más cómodo cuando le dicen todo lo que tiene que hacer.  Pero, así, el crecimiento del jugador es escaso.  Cuando a mí un jugador me mira me deja claro que no sabe resolver las cosas por su cuenta.  Este problema es consecuencia de la mecanización en el trabajo previo.  El Atlético “post Simeone” será así: todos los jugadores mirarán al entrenador y éste se sorprenderá del poco fútbol que realmente poseen sus jugadores.  Su técnico actual es el protagonista exclusivo y el diseñador de todo el modelo.  Esto mismo le sucedió al uruguayo Óscar Washington Tabárez cuando aterrizó en el Milan de las eras “post Sacchi” y “post Capello”.  Resultó que jugadores de la talla de Baresi o Maldini habían sido mecanizados por ambos técnicos.  Cuando le despidieron, Tabárez comentaba que su error había sido haber dado muchas cosas por supuestas.
Hemos de concluir que el entrenamiento táctico ofrece recursos al jugador, pero no cuando le muestra la manera de contrarrestar al oponente, sino cuando la hace pensar, poniéndole ante dificultades para que ÉL decida la mejor opción: cuando tirar un desmarque, el lugar oportuno para hacerlo, cuándo avanzar o dar pausa al juego, hacer paredes, triangulaciones, escalonar posiciones, cambiar de orientación el juego…  Eso es mejorar al jugador.
Así que le contesté: “Pues yo solo conozco a mi equipo y conozco lo que he podido ver de mis tres rivales.  Lo demás es especular y sencillamente, me importa muy poco”.


jueves, 1 de mayo de 2014

EL FÚTBOL DEL LUNES MEJORA EL DEL MARTES



  Nunca he entendido el fútbol como una batalla, no creo que sea demasiado positivo que las madres sean las protagonistas de un triunfo en las semifinales de la Copa de Europa por haber parido unos hijos con los huevos tan grandes, no pienso que haya que quemar ningún árbol de ninguna ciudad…  Las declaraciones pesan demasiado y son en exceso soberbias y agresivas.  La única realidad es que a las semifinales de la competición de clubes más importante del mundo han llegado tres equipos altamente especuladores y que, tras ver cada partido, tengo una sensación de cansancio que creo haber estado presente en cada una de esas batallas brutales.  Sinceramente, me parece inconcebible que un equipo alcance la final de la Copa de Europa jugando a un ritmo endiablado desde la Supercopa, en agosto, hasta finales de mayo, tan solo por el hecho de que algunos de esos jugadores van a ir a disputar la Copa del Mundo de Brasil y no sé si les restara algún mínimo arresto para afrontar lo que se les viene encima.  Y después, quince días de vacaciones (que nunca son tales para un deportista de alto nivel) y otra vez a la carga.  No hay cuerpo que lo soporte ni amante del buen fútbol que no se eche las manos a la cabeza ante el flojo Mundial que se nos avecina, tanto por el agotamiento como por las nuevas tendencias conservadoras que vienen a imponerse otra vez ante la alicaída situación (me niego a hablar de crisis ni de fin de ciclo ni nada por el estilo) tanto del Barcelona como del equipo de Pep.
                El martes pasado pudimos presenciar un indigno partido para tan elevada cita, un empate a nada, que no a cero.  Un partido en el que un equipo que disfruta y se enorgullece de tener menos el balón que el rival, disfrutó de su posesión durante un 63% del tiempo ante la desidia de su desdichado rival, aquel que “no se presentó” ya a jugar una semifinal en el Camp Nou con Di Matteo en el banquillo; y cuyo entrenador tampoco “se presentó” dos años antes, en la misma ronda y el mismo escenario; un equipo que presenta a un extraordinario futbolista, como David Luiz, en el centro del campo para no hacer nada en absoluto, un centrocampista que solo pretendió dar 27 pases en todo el partido (ciento un minutos) y que únicamente lo logró en 14, alcanzando la lamentable cifra de una asociación con un compañero una vez cada ocho minutos.
                Por desgracia para los que amamos el fútbol, esta práctica tiende a extenderse entre los equipos más grandes y cada vez resulta más difícil reconocer a un equipo cualquiera, yermo de un estilo propio, en el concierto europeo.
                En el caso español, los dos grandes tienen el absoluto dominio de todos los estamentos futbolísticos y el aficionado medio, aquel que en un país que se cae a cachos y en el que la clase media se ha transformado en una triste clase media-baja que alcanza el umbral de la bajeza, no puede permitirse ver en su casa a los grandes porque ellos ya se han blindado televisivamente y sus partidos no se ofrecen en directo.
                Pero ante las exhibiciones de cojones y de estrategias preparadas del Atlético, las de músculo y velocidad del Madrid, y las de indefinición y cambio hacia la profundidad del Barcelona, muchos somos los que nos alegramos de no haber visto sus decadentes partidos y haber disfrutado, en cambio, de muchos y muy buenos encuentros del Athlétic gracias a su dominio del cambio de orientación y las continuas llegadas por banda y al área rival, de la exhibición del Celta de esta semana, del buen fútbol, equilibrado por parte de las no estrellas pero buenos entendedores del juego, de la Real Sociedad, del virtuosismo en el toque del Rayo Vallecano, o del juego milimétrico y bienintencionado de un Villarreal, que sabe bien lo que es un proyecto de un pequeño que juega con frecuencia a ser grande.
                No cambiemos pues las reglas del juego: los grandes a lo suyo, y nosotros a lo nuestro, que es disfrutar.  Solo lo siento por nuestra selección, que tanto nos regala y a la que tan poquito ofrecen nuestros clubes ¿grandes?

sábado, 5 de abril de 2014

JUGAR SIN DELANTERO


                Hace ya bastante tiempo que se ha extendido una moda táctica que, por desgracia para el buen paladar futbolístico, se repite más de lo deseable: cuando un equipo sufre la expulsión de un defensa, inmediatamente el entrenador sustituye a uno de sus futbolistas más adelantados para sacar del banquillo a un defensa que ocupe el lugar del expulsado, independientemente del minuto de juego y de la dinámica que hasta ese momento llevara el partido.  Es decir, de forma voluntaria el entrenador cede el control del partido a su rival y renuncia a su ataque con el fin de mantener el resultado que haya en ese momento o a la espera de que alguna situación, más especulativa que elaborada, pueda ofrecer algo de positivo para el equipo.

                La prueba nos la ofreció el Real Madrid con sus dos primeros equipos hace un par de semanas.  Durante el polémico partido que enfrentó al equipo madridista con el F.C. Barcelona, Sergio Ramos resultó expulsado en el minuto 63, cometiendo un penalti que cambió el rumbo del partido.  Un minuto después, la ventaja del equipo se torna en un empate a tres y se produce la sustitución de Benzema, único delantero, por Varane, defensa central.  En el minuto 83, y tras un nuevo penalti, el Barcelona se pone por delante, y hay que esperar al minuto 89 para ver la entrada de Morata en el terreno de juego.  Es decir, el Real Madrid juega sin delantero por espacio de 26 minutos, de los cuales, seis de ellos los hace perdiendo y con poco margen para darle la vuelta a la situación.

                El día anterior, el Real Madrid Castilla sufrió la expulsión de su ¡también único delantero!, Raúl de Tomás en el minuto 10 de partido.  Como no se trata de la expulsión de un defensa, no es necesario introducir ningún cambio para mantener ese supuesto equilibrio táctico, que tan solo lo es en la zona zaguera del equipo.  Cabe preguntarse si un equipo que juega sin delanteros está realmente equilibrado, pero la cuestión es que el Castilla pierde el partido mientras Sobrino ve el partido desde el banquillo hasta el minuto 83.  Son, por tanto 73 minutos jugando sin delantero.

                Entre ambos, totalizaron 99 minutos sin ariete sobre al terreno de juego aunque eso sí, los árbitros fueron los culpables de ambas derrotas por lo injustas de las expulsiones.  Manteniendo al margen, como me parece siempre oportuno, la polémica arbitral, me da la sensación de que tal vez deberían reflexionar sobre esta cuestión.